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Ante la violencia, practiquemos la sabiduría

 

Ante el alto índice de violencia, ola repetitiva y renovable en el tiempo, me animo en la imperiosa necesidad de escribir estas reflexiones, porque vemos que muchos actúan por impulso, no controlan su inteligencia emocional, lo que, en muchos casos, les acarrea problemas de salud, y lo peor, otros tantos llevan el peso de una condena por homicidio o una cruz en el cementerio, por cosas banales y tontas.

 

Parafraseando lo escrito por Pablo Terencio: “Nada humano me es ajeno”, y me duele pensar cómo personas llenan sus vidas de amargura, desolación y tristeza por su forma de ser. Y no digo como expresan algunos “es que esa es mi forma natural de ser”, pues sé que son conductas aprendidas que alimentamos con nuestras frustraciones. La única naturaleza que tenemos todos los seres humanos, es la naturaleza divina, sino fuera así, no dijera el Dios del Altísimo que somos hechos a su imagen y semejanza. Tampoco dijera el principal mandamiento de que “Ama a Dios sobre Todas las Cosas” y prosigue: “y a tu prójimo como a ti mismo”.  Y luego en el Nuevo Testamento hay una reseña donde el Señor responde a la pregunta de Pedro: ¿Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano? ¿Hasta 7 veces?, se trata de responder Pedro. El Señor le da una respuesta que nunca hemos entendido, pues no la ponemos en práctica: “Aún 70 veces 7”, le dijo el Señor.

 

Muchos desconocemos, y no valoramos que somos diamantes entre cobres. Es un asunto de coexistencia imposible.

 

En relación a muchos hechos de violencia, estoy de acuerdo de que el problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta. Se dice que la palabra distingue a las personas de las bestias, pero es la palabra la que revela a veces la bestialidad de algunas personas.  Entonces, frente a las bestias, actuemos como personas. 

 

No nos dejemos llevar al pecado del pecador…pues además de cometer la misma falta, nos igualamos a su ignorancia y su incapacidad. Dime quién pelea y te diré quién peca; dime quién se cree mucho y te diré quién fracasa. Porque la vida es un boomerang, lo que das se te devuelve, y es en la tierra que se paga todo. Y porque la vida es boomerang, todo lo que nos sucede es bueno, a los que no hacemos otra cosa que ayudar, ser solidarios y entregarnos con sinceridad, especialmente cuando vemos a los demás como seres humanos, iguales y sin distinción.

 

No dejemos que la ira nos lleve al terreno de los demás para darles el premio de sus deseos de vernos sangrar por la herida, dándoles a entender que necesitamos de ellos. Cuando nos suceda algo, respiremos y dejemos pasar el tiempo. Llevémonos de la expresión: No prometas cuando estás feliz, no respondas cuando estás enojado y no decidas cuando estás triste. 

 

Demuéstrale al otro, que por el hecho de hablar fuerte o decir palabras inadecuadas es la mejor forma de demostrar que no tienen razón, pues el derecho se exige con elegancia y con sabiduría y no son los improperios ni la forma destemplada de hablar que nos hace tener la razón y mucho menos ganar la causa.  Recuerda siempre que “La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor”. (Proverbio 15:1-2)

 

Muchos de los que nos ofenden lo hacen, creyéndose que por tener poder y dinero pueden vejar, ofender y que vendrán a humillarse ante ellos, ya sean ofendiendolos con palabras o con ruegos. Ellos nunca entenderán la expresión “de qué le sirve al tonto el dinero, si no tiene entendimiento; ¡la sabiduría no se compra!

 

No respondamos al necio de acuerdo con su necedad, para que no seamos también como él., responde al necio según su necedad, pero con el silencio, con ignorarlo, pues duele más y nos hace ser parte del selecto grupo de los sabios.


No hay peor venganza que ignorar. Ignorar a aquellas personas que nos quieren hacer daño...No le demostremos importancia. Se siente mejor ignorar y duele más. Es como el proverbio Chino: No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio. Yo siempre he dicho, “que los guapos, los iracundos pueblan las cárceles y los cementerios. Los cobardes, “los pendejos" , somos sabios, continuamos vivos y disfrutando de la vida. Evitemos, obviemos, dejemos pasar…seamos pendejos…pero sueltos y vivos. (El autor vive en Santo Domingo y es periodista y escritor)

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